Lo siento, pero “no”

Hace más de 20 años que comencé en las terapias manuales, de todo tipo, y ahora mi consulta diaria es una mezcla de todas ellas. He tenido maestros y profesores muy variados: muy buenos, buenos, mediocres y malos.

Pero todo este camino te dota de una experiencia grande sobre el ser humano, sobre cómo unos necesitan sentirse importantes exponiendo todos sus conocimientos, y cómo otros necesitan de alguien superior a ellos, según su visión, para que les guíe por el camino correcto.

He aquí donde empieza el juego de precios. No se puede pagar por una consulta 200–300 €, nadie se merece estas tarifas. Y encima, luego les venden un montón de productos, llegando a pagar de 500 a 1.000 € por la fortuna de poder estar en compañía de ellos durante un rato.

Lo siento por los pacientes que necesitan un “dios terapéutico” que les guíe hacia la salud, pero tengo que avisarles —siempre desde mi punto de vista— que este no existe. Nuestra labor es ayudar a encaminar o equilibrar un cuerpo que en un momento dado ha perdido su armonía. Se puede hacer de mil maneras, y cada terapeuta tiene la suya, mezcla de sus propias experiencias, de sus miedos, de sus estudios, etc. Pero lo importante es intentar ayudar, porque nadie sabe cómo va a ser el resultado. Si cambias a una alimentación equilibrada, el 80 % de los pacientes notan una gran mejoría. Si le haces osteopatía, lo mismo. Y con todas las técnicas igual. No existe una técnica mágica. El ser humano es muy complejo y hay una gran mezcla de causas que llevan a la alteración del cuerpo.

El terapeuta tiene que mostrar un camino, y por supuesto este tiene que estar regado de humildad, bondad y agradecimiento hacia nuestros pacientes, que nos enseñan y nos permiten vivir de un trabajo que nos gusta. La comida sí es importante, los suplementos a veces necesarios, pero lo más primordial son nuestras emociones. Si eres capaz de llevar una comida superestricta o de tomar mil cosas naturales para recuperar la salud, pero eres incapaz de saludar a tu vecino, ceder el paso en una rotonda, mirar en tu interior, darle una moneda a un mendigo o separarte de tu pareja, ¿crees que se te va a quitar la dermatitis, el cáncer, el lumbago o lo que quieras? Mejorarás, quizás sí. Pero otra cosa aparecerá.

Las enfermedades, lesiones, etc., son para hacernos aprender, para que cambiemos hábitos, para que entendamos que la curación está en nosotros mismos.

Si nuestro comienzo del cambio es pagar un dineral a alguien que nos muestra su superioridad con su tarifa, o que nos recomienda que todos los meses tengamos que pasar por sus manos para poder mantener nuestro equilibrio, quizás ellos necesiten un terapeuta que les ayude a moderar su ego y el miedo a no tener dinero.

Si no encuentras la armonía, primero mira hacia dentro y luego, si lo crees necesario, busca a alguien que te ayude, pero que no esté subido en el pedestal de: “tengo un don y te lo voy a dejar muy claro”.

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